¿Así que esto es la ansiedad?

¿Quién no ha sentido alguna vez sensación de ahogo en la garganta, un nudo en el estómago o presión en el pecho? Y ¿quién no se lo ha intentado quitar de encima con una pastilla, una cerveza o haciendo alguna pequeña locura de la que luego se ha arrepentido? Que levante la mano el valiente…

Pues quien te provoca todas estas sensaciones es tu esencia comunicándose contigo, querid@.

La ansiedad es el lenguaje de nuestro cuerpo mandándonos señales de que algo no está bien, algo que no estamos escuchando, y que estamos reprimiendo. Cuando reprimimos el dolor, no lo estamos digiriendo ni metabolizando. Continuamos con nuestra vida como si aquí no pasara nada, desconectando de nosotros mismos, empujados por la inercia de la vida diaria. Y nuestra esencia nos tira de la manga como un niño pequeño necesitado de atención que nos quiere decir algo. Pero nosotros siempre estamos demasiado ocupados para escuchar. Nos hacemos expertos parcheando las sensaciones desagradables con conductas poco o nada resolutivas, como permanecer en relaciones destructivas, o el abuso de sustancias como el alcohol, drogas o antidepresivos.

La ansiedad no viene a hacernos daño sin un motivo aparente. Viene a darnos un toque de atención en el oído para contarnos qué es lo que ya no nos está sirviendo. ¿Qué ocurre cuando la ignoramos? que cada vez nos hablará más fuerte, haciéndonos sentir mal, mareados, con sensación de ahogo, temblores, etc. Y es que simplemente, es nuestro «yo» queriendo hacerse escuchar.

Darse permiso de sentir, de escucharse, de ser vulnerable, nos hace conectar con nosotros mismos, que al fin y al cabo, es nuestra mejor compañía.

Muy unida a la ansiedad, nos encontramos con la depresión, caracterizada por la tristeza y la desgana por llevar a cabo nuestra vida diaria, falta de motivación por las cosas que antes nos hacían vibrar, y una visión pesimista de la vida y del futuro.

Para recuperar el equilibrio es necesario reconectarse con uno mismo y dejarse sentir, permitirle al dolor comunicarse con nosotros y entender qué nos está queriendo decir. Nos suele dar miedo escuchar esa voz interna, porque eso significa cambios, a veces dolorosos. Pero debemos ver la ansiedad y la depresión como posibilidades de evolución personales.

Muchas de nuestras insatisfacciones vienen del desconocimiento de uno mismo. Vivimos condicionados por una serie de leyes morales que nos dictan cómo debemos comportarnos, sentir, proceder y vivir nuestra vida. Y no sé a ti, pero a mí todas esas normas me sobran. He de reconocer que me considero una persona bastante atípica en cuanto a que no me sirven los condicionamientos sociales y morales, y me gusta elegir por dónde voy independientemente de lo que se espere de mí. En realidad, creo que los psicólogos en general somos un poco así.

Por esa razón trabajo desde un punto de vista muy individualista, ayudándote a poner palabras a lo que realmente es importante para ti. No a lo que te han dicho que es bueno, ni a lo que los demás esperan que hagas. Digamos que te acompaño a un viaje a tu interior. Porque amig@, sólo cuando reconozcamos cuáles son nuestros esquemas erróneos, será cuando nos liberemos de ellos.

Conocerse y aceptarse a uno mismo, es el camino más apasionante de nuestra vida. Para ello, en consulta se trabajan entre otros puntos, con los siguientes:

  • Técnicas de relajación.
  • Mindfulness.
  • Establecer límites.
  • Desarrollo de habilidades sociales.
  • Técnicas para la resolución eficaz de conflictos.
  • Mejora de autoestima.
  • Clarificación de valores.
  • Establecimiento de objetivos.

Como digo siempre en consulta, para vencer al enemigo, primero hay que conocerlo. Si crees que ha llegado el momento de deshacerte de tus viejos esquemas, es el momento de dar un paso más.

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